"Lejos de la falta, del pecado, de la culpabilidad, el deseo se reduce a una pura y simple operación física: acabar de una vez con el desequilibrio, la amenaza del escollo, el riesgo de desbordamiento."
Michel Onfray, Teoría del Cuerpo Enamorado
"Todos somos dioses y bestias. Ellos se alimentan y fortalecen de las propiedades que nos constituyen humanos: somos racionales, sensibles y emotivos; inteligentes e instintivos; voluptuosos y finos; inmediatos y reflexivos; burdos y estéticos. Somos dioses y bestias en la lucha por la vida que la vida nos representa. Nuestros dioses son amantes del mundo; nuestras bestias, amantes de sí mismas. Somos, pues, todos nosotros, aveces morales, a veces egoístas."
Lutz A. Keferstein, Dioses y Bestias
"Consultando mis diccionarios de etimología, me alegró aprender que el término deseo procede de los astros. No estamos, pues, lejos de la esfera y del cielo habitado por magníficos y poéticos planetas. Dejar de contemplar la estrella, así lo dicen los étimos: de y sidere. Esto es tanto como decir que el deseo rompe con lo celeste, lo divino, lo inteligible, el universo de las ideas puras, ése donde danzan Saturno y Venus, Marte y Júpiter, la melancolía y el amor, la guerra y el poder. Aquel que desea baja la mirada, renuncia a la Vía Láctea, al azul apabullante y arraiga su voluntad en la tierra, en las cosas de la vida, en los pormenores de lo real, en la pura inmanencia."
Michel Onfray, Teoría del Cuerpo Enamorado
"La sabiduría procura un objetivo a nuestra época de nihilismo generalizado, y la filosofía, una vía creadora de potencialidades magníficas para alcanzarlo."
Michel Onfray, Teoría del Cuerpo Enamorado
"Pues el libertino, en el primer sentido del término, designa al liberto que no pone nada por encima de su libertad. Nunca reconoce ninguna autoridad susceptible de guiarle, ni en el terreno de la religión, ni en el de las costumbres. Vive siempre según los principios de una moral autónoma lo menos apoyada posible en la dominante de la época y de la civilización en la que se mueve."
Michel Onfray, Teoría del Cuerpo Enamorado
"Posibilidad (poder ser) y contingencia (poder no ser) son los operadores de la subjetivación, del punto en que un posible adviene a la existencia, se da por medio de la relación a una imposibilidad. La imposibilidad, como negación de la posibilidad [no (poder ser)], y la necesidad como negación de la contingencia [no (poder no ser)], son los operadores de la desubjetivación, de la destrucción y de la remoción del sujeto es decir, de los procesos que establecen en él una división entre potencia e impotencia, posible e imposible. Las dos primeras categorías constituyen al ser en su subjetividad, es decir, en último término como un mundo que es siempre mi mundo, porque en él la posibilidad existe, toca (contingit) lo real. Necesidad e imposibilidad, por el contrario, definen el ser en su integridad y compacidad, pura sustancialidad sin sujeto: un mundo, pues, que no es nunca, en último término, mi mundo, porque en él no existe la posibilidad. Pero las categorías modales -como operadores del ser- no están nunca ante el sujeto, como algo que éste pueda elegir o rechazar, y ni siquiera como tarea que pueda decidir -o no asumir en un instante privilegiado. El sujeto es más bien el campo de fuerzas atravesado desde siempre por las corrientes incandescentes e históricamente determinadas de la potencia y la impotencia, del poder no ser y del no poder no ser."
– Giorgio Agamben, Lo que queda de Auschwitz
"Todo parece tan complicado. Sin embargo, todo es tan sencillo. Si yo hubiera conseguido la luna, si el amor bastara, todo habría cambiado. ¿Pero dónde apagar esta sed? ¿Qué corazón, qué dios tendría para mí la profundidad de un lago? Nada hay, en este mundo ni en el otro, que esté a mi altura. Sin embargo sé, y tú también lo sabes, que bastaría que lo imposible fuera."
Calígula, Albert Camus
"No estoy loco y aún más nunca he ido tan razonable. Simplemente, sentí en mí de pronto una necesidad de imposible. Las cosas tal como son, no me parecen satisfactorias.
El mundo, tal como está, no es soportable. Por eso necesito la luna o la dicha, o la inmortalidad, algo descabellado quizá, pero que no sea de este mundo."
Calígula, Albert Camus
"En mi juventud ir al cine tenía connotaciones sociales, sexuales, económicas y estéticas que han desaparecido.
De acuerdo con este lenguaje, si iba uno más de veinte veces con una muchacha al cine, estaba obligado en conciencia a casarse con ella. De lo contrario, ella quedaba deshonrada, — “anduvo con Fulano”— y uno pasaba a la historia de las familias del rumbo como inconstante o badulaque."
Jorge Ibargüengoitia, Sálvese quien pueda
"Toda esta cultura la absorbí sin ninguna dificultad, en el cine Parisiana, en donde aprendí más cosas que en los dieciocho años que pasé sentado en un pupitre, frente a un maestro.
El cine de mis tiempos contenía enseñanzas tremendas. Creo que si Pancho Villa hubiera visto “La Carga de los 600” no hubiera metido la pata en Celaya."
Jorge Ibargüengoitia, Sálvese quien pueda